
Queridos compañeritos:
Como bien recordamos todos,luego del viaje a Bariloche 5 de nosotros prolongaron sus vacaciones en sus respectivas casitas,ya que se pescaron una alta hepatitis por andar consumiendo vaya uno a saber que clase de porquerias (en su momento,quisieron engrupirnos diciendo que era el "agua"...a esta altura,eso no se lo cree ya nadie).
Como se aburrian un poco despuès de mirar cuanto programa basura daban por la tele (y eso que Tinelli todavia no habia nacido,o en eso andaba),algunos nos mandaban cartas.
Aca,un testimonio del pensamiento vivo de Oscar Libonatti,que vaya a saber por què misterios de la vida quedò en mi poder.
Esta mañana,volviendo a casa,sùbitamente la recordè,y despuès de una bùsqueda (ni demasiado intensa,ni demasiado larga),encontrè esta carta que hoy comparto con ustedes.
Que la disfruten!
A pesar de los movimientos de suelo que mis hijos han llevado a cabo en mis placares,todavia encuentro mis cachivaches,en las mismas cajas de entonces.
ResponderEliminarY la memoria....aleluya,funcionaaaa!!!!
No es una joyita.Es un incunable digno de la bibloteca nacional!Se ve que tenía la autoestima elevada pese a la hepatitis.
ResponderEliminarCuando fueron empezando a caer de a uno, todos comenzamos a mirar al de al lado con sospecha.
Pedimos una "desinfección" del aula negándonos a entrar y las autoridades de la escuela aceptaron el disparate.
Cuando la epidemia se extendió ( mas de 400 en todo el país que habían coincidod en los mismos días en Bariloche) mi compañero de banco Luisito Sosa, comenzó a tener los ojos de tinte amarillento.
Lo dejamos en el fondo sólo como un perro y el nos contestaba como un idem.
Un médico (prefiero omitir el nombre) le había diagnosticado "ictericia".
Al tornarse mas amarillo que un chino le aconsejé que visitara a otro galeno.
Lo acompañé una tarde hasta la puerta del consultorio. Durante las cuadras que caminamos juntos profería groseras referencias a su destino y a los dioses ( todos).
Al llegar y despedirnos me dijo: que lindo día de la primavera voy a pasar!.
Hasta dentro de 40 días.
Efectivamente, volvió pero a los 50 días, habiéndose constituído en un experto en carreras de autos que veía por TV, y su guardapolvo de un sólo botón subsistente le quedaba como de talle extra large.
Jajajaja,Guille,tus crònicas son desopilantes!
ResponderEliminarYo tambièn tengo anecdotario en referencia a nuestras vìctimas viròsicas,pero lo dejo para mañana porque ahora me muero de sueño.
Que descansen!!!
Entre mis recuerdos más nitidos de esa época se destaca,sin lugar a dudas,la cara de estupor mezclado con espanto que puso mi querida e inolvidable Nora de Montani cuando,al regresar de hacer compras,me encontró alegremente instalada en la habitación de su hepatitica hija,las dos muertas de risa.
ResponderEliminarSucedio que,transgrediendo todas las normas sanitarias del caso,que incluian por supuesto la prohibicion de visitar a los convalecientes,aproveché la ausencia de la buena señora para "colarme" dentro de la casa,para lo cual me bastó con meter el brazo entre la puerta y el marco,y desenganchar la cadena de seguridad (eran,obviamente,tiempos en que podia dejarse la puerta sin llave ,más candado ,más alarma y más rottwailer asesino detrás,como ahora).
Angi y yo nos ligamos un buen reto por irresponsables,pero como a esa altura la exposición al contagio ya estaba,conseguí pase libre para ir y venir a mi antojo.
Y la inefable Nora me servia la merienda!
Para ella,el más afectuoso de mis recuerdos.
¡Que buenas anécdotas amigos/as! Sigan publicando que esto se va poniendo divertido.
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