martes, 19 de octubre de 2010

EL ASADO

2da parte

……..decidimos que los dos me iban a acompañar a casa, obviamente yo iba a ir colgado entre los dos héroes.
No quiero detallarles demasiado lo ocurrido en el trayecto, pero si les comento que en el camino nos paramos a cantar una serenata bajo la ventana de una compañera (quién era? la memoria me falla) y ………………….y finalmente llegamos a mi casa, eso sí, con el estomago completamente vacío.
Conmigo se queda solo Agustin y me ayuda a subir las escaleras hasta llegar a mi habitación en el primer piso de casa. Mientras me ayudaba yo le iba repitiendo obsesivamente, no hagamos ruido! no hagamos ruido! si no se van a despertar mis viejos.
Agustin me larga en la cama y desaparece llevándose las llaves de casa para cerrar la puerta. Por supuesto que al subir las escaleras habíamos armado semejante quilombo infernal! que mis viejos se despiertan.
Aparece mi mamá y viéndome tan mal me pregunta asustada: qué pasó Bruno? Como estás? Yo, que andaba con los ojos entrecruzados, la cama colgada al cielorraso, el cuarto que daba vueltas como si estuviera en el Luna Park y sintiéndome tan mal le digo: mamá me estoy muriendo, me estoy muriendo llamen a un doctor!
Desesperada la pobre mujer, junto con papá, vista la emergencia absoluta y el grave percance, deciden llamar a un doctor (pediatra encima) que en aquel entonces vivía al lado de casa. Lo bajan de la cama al pobre cristiano a las tres de la mañana y lo convencen (ante el peligro de vida o de muerte) a que venga a visitarme.
El pobre llega en pijama, pantuflas y con ese maletín que tienen todos los médicos. Me visita, me revisa los ojos con una linternita, me controla las pulsaciones y otras cosas. Terminado el control, los mira a mis padres con actitud severa de salvador de la patria y les dice: no se preocupen, con unas cucharaditas de café sin azúcar y con un poco de paciencia mañana va a estar mejor.
Mi mamá aterrorizada ante la posibilidad de perder a semejante joyita de hijo, e incrédula pensando que a lo mejor el galeno no se había esmerado suficientemente, insiste y le pregunta: pero doctor qué le pasa a mi hijo? Que tiene? Por qué está tan mal? No le parece que tendríamos que llamar a una ambulancia y llevarlo a la clínica para que lo controlen más profundamente?
El doctor, ya bastante irritado por el madrugón y por la insistencia de mamá y con las bolas que le daban vueltas a 1000 r.p.m., la mira y le dice: no señora, no hace falta que hagamos nada más, lo que en realidad le sucede a su hijo es…………… que tiene un SOMERUNDO PEDO!
Al día siguiente...................................................................
(Bueno, la tercera y última parte le corresponde relatarla a Agustin. No se la pierdan)

4 comentarios:

  1. Juajuajuaaaa!!!!!,desopilante relato,visto a la distancia claro.Me imagino que,en ese momento,la honorable señora de Gavazzi te habra querido asesinar.
    Yo tengo dos hijos varones,que actualmente tienen 29 y 23 años de edad.
    Los he visto llegar con pedos mormosos,morrocotudos,soberanos,reverendos,inapelables,cortesanos,imperiales,lamentables,inmisericordes....pero jamás...jamás!!! las criaturas han llegado a casa con un pedo SOMERUNDO.
    Creo que les debo un desagravio....y mejor que ni se enteren de la existencia de esta categoría de pedo,porque todavia están a tiempo.

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  2. Viste vos lo que es la vida Alicia......uno aprende siempre algo.Jajaja!!!!

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  3. esto es desopilante:la visita del galeno,chinchudo y adormilado con madre desesperada e hijo al borde de un coma alcoholico es digno de un sketch de Gasalla .imagino el cuadro y no puedo parar de reir .
    Ahora bien,creo que la Dulcinea a la que le cantaron la serenata la perdieron para siempre no?porque supongo que en tal estado de ebriedad la afinacion y la letra habra sido para llorar.Por favor cuenten que les dijo cuando los encontro en la escuela

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  4. La destinataria de la serenata ya se identificò (en mi muro del face).
    Hacè memoria Bruno,y si falla utilizà la deducciòn,no es difìcil,su casa les quedaba de camino.

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